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viernes, 11 de abril de 2014

ALEX Y PATRICK - Epílogo


Estoy sola en el desván. Hace unos años que hicimos obras aquí arriba para crearme mi propio cuarto oscuro en el que poder revelar las fotos como a mí me gusta, a la antigua usanza. Uno a uno voy pasando los papeles fotográficos por los diferentes líquidos y colgándolos para secarlos y cuando acabo me siento en mi taburete y paseo mi vista de una foto a otra, mientras la imagen se hace más nítida poco a poco. Son los recuerdos impresos de uno de los días más felices de mi vida. Repaso las caras de las fotografías y están llenas de felicidad y sólo puedo sentir un amor incondicional al verlas.

- Mama, ¡no encuentro la liga!
- Emma cariño, tranquila. Estará en el cajón del armario, donde la dejamos cuando la compramos en la tienda.
- ¡No está!
- Toma, aquí está - digo dándosela tras buscar tan sólo unos segundos en el cajón donde dije que estaría.
- Gracias mamá... estoy tan nerviosa... no sé qué haría sin vosotros... me caso en una hora y tengo la sensación de que todo va a salir mal. ¿Y papá y Will? Sin Will no me caso, ya se lo dije. Si no llega, no me caso.
- Tranquila, todo saldrá bien. Papá ha ido a buscarle al aeropuerto. Su vuelo ha llegado hace una hora así que deben estar a punto de llegar.

La abrazo con fuerza y cuando nos separamos no puedo retener las lágrimas, a riesgo de que se me corra el maquillaje. Está preciosa con su vestido blanco de tirantes. Es muy sencillo, con una especie de plisado en la falda y algo de cola. El maquillaje también es muy natural, y el pelo lo lleva recogido con algunos mechones sueltos. Todo el conjunto le hace parecer muy natural, ya que su belleza de por sí, ya llama suficiente la atención. Es clavadita a su padre, con sus impresionantes ojos azules, su pelo castaño y unos labios carnosos impresionantes. Es la niñita de nuestros ojos y siempre lo será, por mucho que se case y forme su propia familia... eso no cambiará. Desde que nació, fue la mimada de casa y no sólo por Patrick y por mí, también por Will que ejerció el papel de hermano mayor a la perfección. La llevaba orgulloso en el carrito por la calle y luego en el parque nunca la dejaba sola. Él se encargó de enseñarle a caminar, a montar en bici, a patinar o a escribir su nombre. Así se convirtieron en inseparables y aún en la actualidad, a pesar de vivir a más de 300 kilómetros de distancia. 

- ¡Papaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
- Ben, papá ha ido a buscar a Will. ¿Qué quieres?
- ¿Cómo se pone ésto?
- ¿Cómo se pone qué?
- Ésto - dice mientras aparece por la puerta con la corbata al cuello atada con un nudo que bien podría pasar por un nudo marinero.
- Ven aquí que te ayude - le digo intentando deshacer el lío que ha montado - Ala, mírate en el espejo a ver qué te parece.
- Estoy tremendo, ¿verdad hermanita?

Le miro y no puedo creer cómo dieciocho años han pasado tan rápido. Ben ha sido un terremoto desde que estaba en mi barriga. Fue un embarazo horroroso. Vomité todos los días, incluso en el quirófano minutos antes de dar a luz, engordé como quince quilos, y todos los olores me daban asco. Cogí ciática y me dolió la espalda todos y cada uno de los días de embarazo. Además, no contento con eso, cuando nació lloró todas las noches durante semanas, haciendo imposible conciliar el sueño para nadie en casa, Will y Emma incluidos. Desde que nació, me recordó a Joey, sólo que tenía mis ojos grises, y conforme iban pasando los años se le iba pareciendo más y más a él, rubio y con esos hoyuelos suyos tan característicos. Además, era muy travieso y se metía en líos en el colegio cada dos por tres. Ahora le veo tan guapo y mayor con el traje negro y la corbata azul que eligió Emma para los padrinos y que Will llevaría igual y me siento muy orgullosa de él. Es un chico muy extrovertido y simpático y este año empezará interpretación en la universidad ya que quiere ser actor. 

- ¡Oye! ¡Despierta hermanita! - le dice chascando los dedos delante suyo - Que no me haces caso... ¡Estoy guapo o no? ¿Crees que alguna de tus amigas querrá probar la mercancía? 
- Por favor Benjamin... Que mis amigas te sacan la mayoría más de diez años.
- Pues eso, un yogurín es difícil de despreciar...
- Sigue soñando enano. La mayoría vienen con pareja y las que no, créeme que se fijan más en Will o en papá que en ti.
- ¿Perdona? - les interrumpo - ¿En tu padre?
- ¿Te sorprende? Papá es guapísimo y es un... digamos... madurito interesante, aunque tenga cincuenta años.
- Mamá, tendrás que sacar las uñas para que no se acerquen a papá... ¡Jajaja! - me dice Ben divertido.Los tres nos reímos y Emma abraza a Ben.
- Gracias renacuajo. Necesitaba reírme un rato para aliviar tensiones... Esto me sobrepasa... Estoy muy nerviosa.
- ¿Tú también estabas nerviosa cuando te casaste con papá? - me pregunta Ben cuando se separa de Emma.
- A mí no me dio tiempo a ponerme nerviosa cariño... Papá me pidió matrimonio en el mirador del Empire State y media hora después, ya estábamos casados.
- ¡Y Will y yo estuvimos presentes!
- Sí, vuestro hermano tenía seis años y tú estabas aquí dentro - digo tocándome la barriga.

En ese momento se oye la puerta de entrada.

- Ya están aquí - dice Ben saliendo de la habitación - ¡Will!
- ¡Hola! ¡Ya estamos aquí! - oigo gritar a Patrick.

Las dos salimos de la habitación dirigiéndonos hacia abajo mientras oímos a Will y a Ben hablar.

Mientras bajo las escaleras veo a mi chico después de varios meses. Vestido ya con el traje de padrino y con el pelo alborotado de siempre. Sus ojos vivos e inquietos y su sonrisa perenne en la cara. Ahora ya tiene treinta años y se ha convertido en un hombre hecho y derecho de vive en Boston desde que acabó la carrera de medicina, se especializó en pediatría y le contrataron en el Children's Hospital, uno de los más importantes del país. Allí conoció a Rachel, enfermera del mismo hospital, con la que vive desde hace unos años y con la que tendrá un bebé en algo más de tres meses. Vamos a ser abuelos de un niño que se llamará Owen.  

Emma me adelanta por la escalera y una vez abajo se tira en brazos de Will.

- ¡Guau! ¡Estás guapísima! - dice Will mientras se abrazan.
- Tú también estás muy guapo. Ese azul que escogí para vuestras corbatas es perfecto.

Mientras mis tres hijos hablan Patrick se acerca a mí, me da un beso y me dice que se va a vestir. Es el único que falta por hacerlo.

- Hola cariño. ¿Cómo estás? - digo abrazando a Rachel.
- Bien. Owen empieza a pesar ya y cada vez acabo más cansada al final del día, pero sigue portándose muy bien y me sigo encontrando perfectamente.
- Me alegro - digo acariciándole la barriga.
- Mamá... - dice Will a mi lado.
- Hola mi amor.

Me da un abrazo larguísimo y de repente soy consciente de lo pequeña que soy a su lado. Parece que fue ayer cuando me tenía que agachar para abrazarle y ahora es él el que lo hace.

- Te he echado de menos mamá...

La ceremonia ha sido preciosa, sencilla y muy corta. Se ha celebrado en unos jardines a las afueras de la ciudad y allí mismo también el banquete. Emma y Bruce hacen una pareja perfecta. Se conocieron en la universidad cuando ambos estudiaban derecho y lo suyo, como lo mío con Patrick, fue amor a primera vista. Empezaron a salir el segundo año de carrera y ya no se separaron más.

Aunque Emma me lo prohibió, no puedo evitar sacar la cámara de fotos una vez empieza el baile. 

- Tita, ¡hazme una foto!

Y cuando me giro me encuentro a mi sobrinita Emily con el pelo lleno de flores que debe haber cogido prestados de los centros de mesa.

- Emily, ¡pero qué guapa estás! ¿Ya te han visto papá y mamá?
- No, eztán buzcando a Jack y Kevin porque no loz encuentran y ezo ez muy peligrozo.

Jack y Kevin son los hermanos mayores de Emily y son un verdadero peligro. Tienen ya trece y dieciseis años y son la causa de que mi hermano y Claire tardaran tanto en atreverse a ir a por el tercer hijo. Siempre estaban metidos en líos y castigados en clase. Se habían roto casi todos los huesos del cuerpo porque no paraban quietos y sus ideas no eran precisamente brillantes. Por suerte, los dioses se debieron apiadar de ellos y les regalaron una niña preciosa y buenísima.

- ¡Jajaja! Sí, que tus hermanos desaparezcan sin dejar rastro es verdaderamente peligroso...
- Puez eztán con Ben.
- Hola preciosa - le dice Patrick cogiéndola en brazos - ¿Dónde vas tan guapa? 
- Hola tito Patrick. ¿Te guzta?
- Mucho. ¿Crees que la tía Alex dejará aparcada un rato la cámara y se vendrá a bailar conmigo o tendrás que sustituirla tu?
- ¡Yo! - dice la niña riéndose - Dame vueltas como a una princesa.
- Cariño... Emily dice que mi hermano y Claire están buscando a Jack y Kevin. ¿Los has visto?
- Uf, qué peligro... Pues no... Ahora que lo dices hace rato que no les veo...
- Pues Ben está con ellos.

Patrick me mira con los ojos muy abiertos y poniendo una mueca de susto cuando aparecen Will y Rachel.

- Uf, no puedo más - dice Rachel sentándose en una silla - ya no puedo bailar más.
- ¿Qué pasa? - pregunta Will al ver la cara de Patrick.
- Tu hermano ha desaparecido con Jack y Kevin. Voy a buscarles, pero no te muevas de aquí - me dice señalándome - Me debes un baile.
- Déjales, ya les busco yo. Saca a mamá a bailar y que deje de hacer fotos ya - contesta Will. Y mirándome añade - Emma te lo prohibió, te dijo que no quería que en su boda pareciera que estuvieras trabajando.
- Vale... no me echéis la bronca. 
- Ala, aprovechemos - me dice Patrick quitándome la cámara de las manos y dejándola en la mesa - ¿Señora me concede este baile?

Me lleva a la pista y mientras empezamos a bailar nos miramos a los ojos.

- ¿Te he dicho que estás preciosa?
- No muchas veces...
- Pues estás preciosa.
- Tú también estás impresionante. Esta corbata gris tiene algo que me gusta mucho. De hecho hoy me he enterado que muchas amigas de tu hija piensan que eres muy atractivo y Ben dice que debería sacar las uñas para defender lo que es mío.
- Mmmmm, jovencitas...
- ¡Oye! - le recrimino dándole un golpe en el hombro.

Cuando acaba la canción, Emma se nos acerca y me da un beso en la mejilla. 

- ¿Dónde están Will y Ben? - nos pregunta extrañada - Aún no he bailado con el renacuajo y lleva mucho rato sin molestar a ninguna de mis amigas.
- Pues de Ben hace rato que no sabemos nada. Está desaparecido junto con tus primos y Will ha ido a buscarles.
- ¡Como la líen el día de mi boda les mato!
- Venga, vamos a buscarles. Esperad que coja la cámara y avisemos a Rachel.

Nos alejamos de la carpa convertida en pista de baile justo en el momento en que nos alcanzan Joey y Claire con Emily en brazos.

- ¿Los habéis encontrado? - les pregunto.
- No, ni rastro - me dice Joey - Te juro que los arresto y les hago pasar el resto del verano encerrados.
- Will también les está buscando... Ben está con ellos.

Nos adentramos en la parte más alejada del jardín cuando empezamos a oír una risas y cuando estamos lo suficientemente cerca vemos que los aspersores de esa parte del jardín están encendidos y que los chicos, Will incluido, están haciendo el burro resbalando por encima del césped, totalmente empapados.

- ¿Pero qué hacéis? - les grita Emma.

Los cuatro se quedan parados de golpe. Han tenido la delicadeza de quitarse la americana y quedarse con la camisa, que llevan totalmente pegada al cuerpo.

Patrick y Joey sonríen y se miran divertidos mientras enfoco el objetivo y empiezo a hacerles fotos. Éstas son las que más me gusta hacer.

- Pues a mi no me parece tan mala idea... - dice Patrick de repente.
- A mí tampoco... - contesta Joey.

Emma les mira con los ojos abiertos como platos.

- No os atreveréis... ¿Papá? ¿Joey?

De repente Joey sale corriendo hacia donde están los chicos empapándose con el agua y resbalando con el césped tal y como estaban haciendo hace un rato. Patrick ríe a carcajadas, al igual que Emily, que ha salido disparada detrás de su padre.

- ¡Papá! ¡Ven! - le gritan Will y Ben a Patrick.

Se gira hacia mi y sin pensárselo dos veces me quita la cámara de las manos dándosela a Emma, me coge en brazos y carga conmigo hasta quedarnos en el centro de los aspersores.

Nos besamos mientras el agua resbala por nuestra cara y nos empapa toda la ropa y de repente, todo a mi alrededor vuelve a desaparecer. Es algo que Patrick ha conseguido que pase siempre que sus labios rozan los míos. 

Unos golpes en la puerta me devuelven a la realidad. Me dirijo hacia la puerta y la abro con cuidado de que no entre mucha luz.

- ¿Se puede? - me pregunta Patrick.
- Adelante.

Se sienta en el taburete y me agarra por la cintura atrayéndome a él. Apoya la barbilla en mi hombro y observa las fotos que cuelgan de la cuerda. 

- Qué fotos más bonitas... Mira esa - dice señalando una en la que estamos los dos debajo del chorro de los aspersores - Me encanta. Nos la debió hacer Emma.

- A mí me gustan mucho esas - y le señalo mis favoritas. 

La primera es una imagen de Will, Emma y Ben riendo con la boca bien abierta por alguna ocurrencia del pequeñajo. Salen guapísimos los tres. Son mi regalo y les adoro.

La segunda es una imagen de Patrick y Will, sentados en unas escaleras, con las mangas de las camisas arremangadas y sin corbata ya. Charlan tranquilamente con una cerveza en la mano. Se palpa su complicidad claramente. Sé que Patrick quiere a nuestros hijos por igual, pero es innegable que con Will tiene una conexión especial.

- Los hemos hecho bien, ¿verdad? - me pregunta Patrick algo melancólico.
- Claro que sí. Alice y Charlie estarían muy orgullosos de ti - digo girándome hacia él - Cuidas a la perfección de tus dos familias, la nuestra y los chicos de la casa de acogida. 
- Gracias. Sé que a veces paso menos tiempo contigo del que debería... pero desde que mis padres no están me veo en la obligación de ayudar a Megan con los chicos...


Le acaricio la cara mientras le beso con ternura.

- Bueno, ahora que tenemos la casa para nosotros solos después de varios años, podemos volver a ser como novios de nuevo... Sin nadie que nos interrumpa...
- Mmmm, como novios ¿eh? - y empieza a besarme mordiendo mis labios suavemente y acariciándome la espalda.

Entonces, cuando nuestra respiración ya está agitada y mi cuerpo pide sexo a gritos, se separa de mi y me susurra al oído.

- Elije una pared.

lunes, 7 de abril de 2014

ALEX Y PATRICK - Cap. 37


- ¡No sé qué ponerme! ¡Todo me queda fatal! ¡Mírame! Por favor si parezco la orca Willy…
- Alex… estás preciosa te pongas lo que te pongas… - me dice Patrick con cara de resignación sentado en la cama.
- ¡No! ¡Estoy gorda!
- Estás embarazada… ¿qué esperabas?
- O sea, que no lo niegas. ¡Tú también crees que estoy gorda! 
- Yo no he dicho eso… - me dice con los ojos muy abiertos y cara de asustado.

Me giro de nuevo hacia el espejo resoplando con fuerza. Llevo casi una hora probándome ropa y desechándola sin miramientos. Estoy en mi séptimo mes de embarazo y todos y cada uno de los ocho kilos que he engordado se han aposentado en mi barriga así que es imposible que encuentre nada que ponerme para una puñetera gala benéfica.

- ¿Por qué narices me tienen que enviar a mí a cubrir una gala benéfica? ¿Es que no hay más periodistas disponibles?
- Lo que yo me pregunto es por qué no has cogido ya la baja… Si la hubieras cogido no te hubieran enviado a cubrir esta…

Le lanzo una mirada asesina que capta al vuelo y se calla.

- Me encuentro bien y me gusta mi trabajo. No sirvo para quedarme en casa… Ya lo hemos hablado, si me sigo encontrando bien y Emma se sigue portando así de bien, pienso seguir trabajando hasta poco antes del parto. El problema es que pensaba seguir trabajando con pantalones barrigueros y mis converse y no vestida para una gala benéfica…
- Porque ponerte ese vestido con el cinturón…
- ¡Sí! Es la opción más cómoda dentro de lo que cabe… ¡¿pero con qué zapatos?! – le grito con lágrimas en los ojos.
- ¡Hola! ¿Qué pasa? – pregunta Will entrando en la habitación.

Su mirada se pierde detrás de mí y cuando me giro hacia esa dirección veo que Patrick le está haciendo señas con la mano en plan “huye tú que puedes”

- Eso, genial, aliaros en mi contra… - y empiezo a llorar a moco tendido.
- Mama… yo…
- No pasa nada Will, mamá está cansada – dice abrazándome mientras le hace señas para que salga de la habitación.

Me mantiene entre sus brazos durante un rato largo mientras me acaricia la espalda y me besa el pelo.

- Alex, créeme, te pongas lo que te pongas estarás preciosa. 
- Gracias – le digo al cabo de un rato – Estás teniendo mucha paciencia conmigo… Me parece que últimamente estoy un poco irascible…
- No… para nada… no te preocupes.
- Tampoco hace falta que mientas – le digo dándole un golpe – lo haces fatal y se te nota.
- Vale… un poco sí. Pero no me importa.
- ¿Me echaréis de menos esta noche?
- Un montón.
- ¿Qué tenéis planeado?
- Ya sabes. Noche de tíos. Videojuegos, peli, pizza, cerveza, coca-cola sin cafeína para Will. ¡Fiesta a tope!
- Bueno… me voy a acabar de arreglar. Qué pereza me da…
- ¡Pero si es en tu sitio favorito de toda la ciudad! Venga, anímate que ya verás que luego te lo pasas en grande.
- Sí, al menos tendré la ciudad a mis pies durante unas horas… pero me gustaría ir allí contigo…
- Te prometo que un día subimos los dos solos como si fuéramos un par de turistas.
- Te tomo la palabra.

Una hora después bajo las escaleras de casa y me encuentro a mis chicos viendo la tele estirados en el sofá. Ambos se incorporan al instante y empiezan a lanzarme piropos. 

- ¡Mamá! ¡Estás guapísima!
- Estás preciosa cariño. Bueno, las dos estáis preciosas.
- Ese vestido te queda muy bien, mami.
- Vale, vale, no os paséis que ya empieza a parecer peloteo.

Al final me he decidido por un vestido largo negro con un cinturón marrón que me queda por debajo de la barriga y me he puesto mis botas marrones que tienen algo de tacón, no mucho porque no creo que mi espalda aguantase. Voy todo lo arreglada como mi barrigón me permite.

- El taxi me está esperando. Primero tengo que pasar por casa de mi jefe para que me dé la acreditación, ¿vale?
- Vale - dice abrazándome mientras me besa – Cuida de tu madre Emma y no le des mucha guerra.

Media hora más tarde el taxi se para delante de casa de mi jefe en Brooklyn. De verdad la vuelta idiota que voy a dar y todo porque se olvidó de enviarme la acreditación a casa. 

- Espéreme un momento que ahora vuelvo – le digo al taxista.

Recorro el pequeño camino de entrada y llamo al timbre. Mi jefe abre la puerta pocos segundos después.

- ¡Hola Alex! ¡Guau, estás preciosa!
- Sí, claro… Ahórrate los piropos que no hace falta que me hagas la pelota…
- Esto… entonces… gracias por cubrir el evento…
- Lo siento. No quería contestarte así… últimamente estoy un poco irascible… Es que me he puesto muy nerviosa porque no sabía qué ponerme.
- Me parece que le gustarías hasta vestida con un saco – me dice mientras se pierde por el pasillo para buscar la acreditación.
- ¿Cómo?
- No, nada, que las embarazadas estáis preciosas os pongáis lo que os pongáis… Toma, aquí la tienes. Haz unas pocas fotos y sobretodo, diviértete.
- Gracias.

Vuelvo al taxi y miro el reloj. Ya voy diez minutos tarde y aún tenemos que llegar de nuevo al centro. Esta parada me ha entretenido más de lo debido.

Treinta y cinco minutos de atasco después, el taxi para en la quinta avenida. Miro el reloj y horrorizada compruebo que entre unas cosas y otras hace casi dos horas que he salido de casa y aún no he empezado a trabajar. Pago y salgo sin poder evitar mirar hacia arriba como una tonta. La de veces que he podido llegar a pasar por aquí y siempre, no falla, miro hacia arriba maravillada para ver el Empire State en todo su esplendor. Subiré por primera vez fuera del horario de visitas, que ha terminado hace más de dos horas, así que estoy también muy emocionada por ese motivo.

Me dirijo a la puerta de entrada y un guarda de seguridad me para al instante. Le enseño la acreditación, me mira con una sonrisa en los labios y me deja pasar.

El vestíbulo está completamente vacío aunque teniendo en cuenta que llego como una hora tarde, no me extraña demasiado. Me dirijo a los ascensores, y no puedo evitar mosquearme al entrar sola en uno de ellos. Creo que esto que estoy haciendo ahora debe ser un hecho histórico, subirme sola en uno de los ascensores del Empire State Building, a quien se lo cuente no se lo creerá. Aprieto el botón del piso 86 ya que la fiesta se celebra en la terraza mirador de ese piso. Me apoyo en la pared más alejada de la puerta descansando mi espalda durante los cuarenta y cinco que dura el trayecto. Se abren las puertas y me quedo parada ante la oscuridad y tranquilidad que reina en el lugar. Esto no puede estar bien… cojo mi acreditación y compruebo de nuevo la fecha y la hora pero parece estar todo correcto.

Salgo al observatorio y decido dar la vuelta aunque algo debe ir mal… no se oye a nadie… ya tiene que ser coñazo la fiesta para no oírse nada… 

Pero entonces unas pequeñas luces blancas se encienden delante de mí iluminando tenuemente la terraza. Me quedo parada, sin entender nada, mirando de un lado a otro asombrada.

- Hola…

Sobresaltada me giro al escuchar su voz a mi espalda. Y ahí está él. Vestido con traje y corbata, todo de negro, en contraste con sus brillantes ojos azules. El pelo bien peinado hacia atrás y recién afeitado. Tiene las manos metidas en los bolsillos en una pose de lo más sexy.

- ¿Qué pasa aquí? – digo riendo nerviosa.
- ¿No querías subir aquí conmigo?
- Pues sí… 
- Pues deseo concedido.
- ¿La fiesta no existe entonces?

Patrick niega con la cabeza poniendo una mueca divertida.

- ¿Pero entonces mi jefe estaba en el ajo? 

Mueve la cabeza afirmativamente.

- Estás muy guapo – digo mirándole de arriba abajo.
- La ocasión lo requiere. 
- ¿Ocasión?

Le veo acercarse poco a poco mientras traga saliva y a pocos metros de mí se arrodilla.

- ¡¿Se puede saber qué haces?! 
- Espera que desde aquí abajo parece que le esté hablando a Emma y no a ti – dice levantándose de nuevo.
- ¿Qué narices te piensas que estás haciendo? ¿Estás loco?

Me pone un dedo en los labios para hacerme callar y me coge de la mano acercándome a la barandilla para admirar las vistas. Se pone detrás de mí, poniendo sus brazos alrededor de mi cintura y abrazando a Emma. Me apoyo contra su pecho y su respiración me mece acompasando la mía, hasta que acabamos respirando al unísono. Abajo, delante nuestro se extiende Central Park, iluminado por las miles de farolas.

- Me has enseñado muchas cosas Alex, pero la lección más valiosa que he aprendido de ti es a querer a alguien sin miedo. A confiar ciegamente en las personas que quieres, sin temor a que te hagan daño. A arriesgarte y expresar los sentimientos. A cometer locuras por ver sonreír al amor de tu vida, aunque sea por unos segundos. Allí abajo, en Central Park, cometiste varias locuras por mí, y ahora, aquí arriba, es mi turno.

Su respiración se agita más y más. Me gira poniéndose frente a mí y me mira a los ojos.

- Alex… ¿quieres casarte conmigo?

Miles de imágenes se agolpan en mi cabeza. Recuerdos de mi infancia, cuando soñaba que un día un príncipe me llevaría lejos en su caballo y me pediría que me casara con él o de mi adolescencia cuando deseaba que el chico que me gustaba me pidiera que le acompañara al baile. Recuerdos de la universidad y mi relación con Jeff, basada sólo en el sexo y que no me aportaba nada más. Imágenes de estos meses, las lágrimas de Will al morir su madre, mi primera cita con Patrick, el dolor que sentí en mi corazón cuando descubrió las fotos y me dejó y los celos que sentí al verle besarse con Claire, el shock que me produjo saber que era hijo de Alice y Charlie y la compasión que sentí al conocer su infancia, el amor incondicional que nos une y nos hizo volver a estar juntos y adoptar a Will y el sentimiento maternal que el embarazo de Emma ha hecho aflorar en mí. Han sido meses de muchos sentimientos encontrados y la mayoría de ellos provocados por la misma persona. Ese hombre que tengo frente a mí y que me mira expectante a la espera de mi respuesta.

- Claro que quiero casarme contigo – digo posando mis labios encima de los suyos, sin querer mover un solo músculo para no romper la magia del momento.
- ¿Ahora? – me suelta de repente.
- ¿Cómo? No te entiendo… ¿Ahora de ya?
- Ajá… ¿Por qué esperar?
- Estás loco… ¿pero así sin más?

Me mira pícaro levantando una ceja mientras saca su teléfono del bolsillo del pantalón. 

- Subid – dice simplemente y luego cuelga.

Menos de un minuto después, un hombre mayor con alzacuellos aparece y nos saluda.

- Tú debes ser Alex – dice dándome la mano - Encantado. Hola Patrick.
- Reverendo.
- Esto es una locura – digo mirando a Patrick.
- ¿Echas de menos a alguien? – me pregunta entonces.
- Pues claro… a Will, a Joey… 

Entonces echa un vistazo hacia atrás nuestro y señala hacia allí con el dedo. Me giro y no puedo creer lo que veo. A escasos metros de nosotros están Will, Joey y Claire, Alice y Charlie, Megan, la hermana pequeña de Patrick y… ¿mi madre? ¿Qué hace aquí? Me mira y me saluda mientras me lanza un beso. Me vuelvo hacia Patrick de nuevo y le pregunto.

- ¿Cómo has organizado todo esto? ¿Cuándo lo has hecho?

Se encoge de hombros y me sonríe.

- Quiero casarme contigo, necesito casarme contigo. Soy así de simple, quiero ese papel que diga que tengo una familia, mi familia. Si por mí fuera te hubiera secuestrado y habríamos huido lejos, solos los dos, pero algo me dice que algunos no nos lo iban a perdonar nunca, así que intenté contentar a todo el mundo... Sobre todo a ti, trayendo a la gente que quieres a tu sitio favorito de la ciudad. Así que… ¿sigue en pie lo de casarte conmigo?
- Pues claro que sí – digo entre lágrimas.

Mira hacia Will y le hace una seña con el dedo para que se acerque.

- Hola. En serio que estás muy guapa – me dice mi chiquitín precioso con una gran sonrisa en la cara.
- ¿Y tú sabías todo esto?
- Él es el que más ha ayudado – me dice Patrick mientras Will asiente enérgicamente con la cabeza.
- ¿Listos? – pregunta el cura.
- Cuando quiera.

Dos meses y medio después estoy estirada en una camilla, resoplando como una loca y pidiendo a gritos la epidural, mientras me llevan corriendo hacia el paritorio. Patrick y Will corren detrás de la camilla hasta que llegamos a la zona de quirófanos, me meten dentro y les pierdo de vista.

- Alex, el bebé va a salir ya, no tenemos tiempo de ponerte la epidural porque no haría efecto a tiempo.
- ¡¿Cómo?! ¡No, no, no! ¡Quiero la epidural! ¡No seré capaz de hacerlo sola!

En ese momento entra Patrick vestido con una bata azul y preocupado se acerca a mí.

- Hola cariño. ¿Qué pasa?
- ¡Que no me quieren poner la epidural! – digo llorando.
- No se la podemos poner porque no haría efecto a tiempo – le dice el anestesista a Patrick.
- Tengo miedo… 
- Alex, mírame. Tú puedes con esto y con lo que quieras. Además, no me voy a separar de ti ni un segundo. Cuando veas la cara de Emma verás como todo habrá valido la pena, te lo aseguro.

En ese momento tengo una contracción brutal y le aprieto la mano a Patrick tanto que creo que se la voy a romper.

- De acuerdo, sigue empujando, que ya le vemos la cabeza – oigo que me dice una voz a través de una cortina que impide que me vea las piernas – Eso es, sólo un poco más y ya estaremos.

Patrick me mira y asiente con la cabeza. Me acaricia la mejilla con el pulgar para tranquilizarme y cuando me lo piden vuelvo a empujar mientras aprieto su mano. Varios empujes después, oímos un llanto estridente. Segundos más tarde tengo a mi niñita encima, envuelta en una mantita, descansando tranquila con los ojitos cerrados. No tiene nada de pelo, ni tan solo cejas y es rosadita y redondita.

- Tenías razón, ha merecido la pena.
- Es perfecta – dice sin quitarle los ojos de encima.
- En un rato las subiremos a la habitación – le dice el médico a Patrick – Si quiere, salga fuera con su hijo mayor. Pueden esperarlas allí mientras. Y… enhorabuena.
- Vale, gracias – dice dándole la mano – Nos vemos ahora, ¿vale? Aprovecharé para llamar a todos.

Las visitas por la habitación se van sucediendo y todos comentan que parece ser una niña muy tranquila. De hecho, aún no ha siquiera abierto los ojos y duerme tranquila. A media tarde le di el pecho pero ni siquiera se quejó para reclamarlo, lo hice porque me lo dijo la enfermera.

Cuando por fin estamos los cuatro solos al caer la noche, Will se estira a mi lado de costado, apoyando la cabeza en mi hombro, mirando a Emma que está justo al otro lado, en mi otro hombro.

- Es guapísima, ¿verdad?
- ¿Quieres cogerla? Aun no lo has hecho… - le digo.
- ¿En serio? Me da miedo hacerle daño…
- Ven, siéntate aquí – dice Patrick incorporándole y sentándole en la cama.

Me incorporo y con cuidado para no despertarla la pongo en sus brazos. Will la mira con los ojos muy abiertos y aguanta la respiración incluso.

- Tranquilo, respira, si se despierta no pasa nada – le tranquiliza Patrick dándole un beso.
- Hola… ¿te acuerdas de mí? Soy Will, tu hermano mayor, el que te hablaba cuando estabas en la barriga de mamá. Eres súper guapa ¿sabes? 

En ese momento Emma empieza a hacer muecas con la boca y Will abre la boca y los ojos. Emma mueve las manitas y se las acerca a la cara.

- Se mueve…

En ese momento Emma abre sus pequeños ojitos por primera vez desde que nació y me enamoro aún más si cabe de ella.

- Ualaaaaaa, tiene los mismos ojos que papá – dice Will mirándonos.
- Es verdad – digo mirando a Patrick – es perfecta.

Will empieza a hacerle carantoñas y a sacarle la lengua y Emma parece incluso sonreírle.

- Te quiero mucho chiquitaja.
- Definitivamente, Emma tiene mucha suerte – dice Patrick -  Tiene el mejor hermano mayor del mundo.