viernes, 28 de febrero de 2014

ALEX Y PATRICK - Cap. 26


Me fui a la cama con el teléfono en la mano y una sonrisa en la cara. Lo que acababa de hacer Patrick era una prueba más que suficiente de que me quería y una locura digna de equipararse a la mía. Al final había acabado siendo como la escena de una película. A los vecinos sólo les faltó vitorear a Patrick cuando se lo llevaban, excepto el viejo gruñón claro, e incluso algunas vecinas me pidieron que les fuera contando cómo iba la cosa.

Aunque me resistía con todas mis fuerzas porque quería esperar una respuesta a mi mensaje, me quedé dormida casi de inmediato, con la sonrisa aún grabada en mi cara.

Sin darme cuenta llegó la mañana y los primeros rayos de sol inundaron la habitación. Me giré hacia la ventana y comprobé que no quedaba ni rastro de la lluvia de anoche. El móvil seguía en mi mano y enseguida lo miré en busca del mensaje de respuesta. Y ahí estaban, no sólo uno. Eran de las seis de la mañana, hacía tan sólo una hora.

“Pues yo de ti les haría caso. No sabes lo insistentes que pueden llegar a ser las personas mayores”

“Me voy a casa a ducharme y cambiarme, los niños creo que ya fliparán suficiente con mis moratones como para presentarme de esta guisa”

“¿Te puedo llamar luego? Te necesito”

Pues claro que puedes, responde mi mente al instante. ¿Quiere decir eso que le he perdonado? Todos y cada uno de los poros de mi cuerpo quiere que le perdone, así que no sé cómo podría negarme…

“Espera que le pregunto a mis vecinas a ver qué les parece… Sí, me dicen que sí puedes”

Enciendo la cafetera y mientras me pego una ducha. Cuando salgo me visto y me dirijo a por mi dosis de cafeína. Me tomo el café y suena mi móvil de nuevo.

“¿Y tú crees que puedo?”

Esbozo una sonrisa y sin poder evitarlo me muerdo el labio. No quiero dárselo aún mascado. Por supuesto que le he perdonado y estoy deseando estar entre sus brazos de nuevo, pero quiero jugar un poco antes. 

“Déjame que mire mi agenda. Hoy tengo mucho trabajo”

“Lo entiendo. Como quieras. Esperaré tu mensaje”

Ai madre, que sigue creyendo que estoy enfadada… ¿Sigo el rollo o quizá me estoy pasando? No… seguimos jugando un rato…

Agarro mis cosas y salgo de mi apartamento pitando porque con la tontería ya vuelvo a ir tarde. Salgo a la calle y voy en dirección a la estación de metro cuando oigo una voz.

- ¡Bonita! ¡Oye, bonita!

Al girarme veo a la ancianita de anoche, la fan numero 1 de Patrick, venir hacia mí con algo de dificultad para caminar. Miro a un lado y a otro para asegurarme que es a mí a quien llama y compruebo que es así.

- Hola… - le digo en tono algo extrañado.
- Ai, espera, que ya llego – dice resoplando por el esfuerzo.
- ¿Está usted bien?
- Sí, es que a mi edad no está una para hacer muchas carreras de éstas…
- Tranquila, respire – le digo mirando disimuladamente el reloj.
- Mira, toma – me dice cogiéndome la mano y dejando en él un saquito de tela.

La miro tan confundida que se ríe y añade.

- Tranquila, es sólo un amuleto hecho con lavanda, pétalos de rosa y raíz de iris. Anoche comprobé que ese chico guapetón está muy enamorado de ti y aunque noto que tú también estás enamorada de él, puedo sentir que tu corazón sigue dolido por algo que él hizo. Este amuleto te ayudará a aclarar tus ideas y a despejar el camino – me cierra la mano añadiendo – llévalo contigo y confía en sus efectos. Ese chico es bueno.

- Eh, gracias… lo haré – las fans de Patrick son más incondicionales de lo que pensaba.
- Gracias a vosotros. Lo de anoche fue mejor que ver la novela.

Sin más vuelve hacia su casa y yo me quedo mirando el saquito. Me lo acerco a la nariz, al menos huele bien, y me lo guardo en el bolsillo.

Después de casi media en metro llego a la redacción. La reunión es más larga de lo habitual, así que al salir me siento en mi mesa y trabajo sin parar muy concentrada, sin separar la vista de la pantalla del ordenador ni dos segundos. Estoy dando un repaso final a mi escrito cuando suena el teléfono de mi mesa. Miro el indicador de llamada y veo que es Jessica desde la recepción.

- Dime.
- Hay aquí un mensajero que te viene a entregar un sobre. Dice que tienes que bajar a firmar conforme te lo ha entregado. Alex – dice bajando el tono de voz – es del juzgado… 

¿Del juzgado? ¿Qué he hecho? Espera… ¿puede que sea…?

- Bajo enseguida – digo colgando de inmediato el teléfono.

Ni siquiera espero al ascensor y bajo todos los pisos corriendo y saltando los escalones de dos en dos. Cuando llego abajo veo a Jessica de pie detrás del mostrador mascando chicle con la boca abierta, como es habitual, y cogiéndose un mechón de pelo mientras habla con el mensajero. El chico está encantado y parece no tener la prisa habitual que tienen el resto de mensajeros.

- ¿Y tienes que ir muy rápido conduciendo para llegar a tiempo a todas las entregas?
- Ajá… y con el tráfico de la ciudad se hace difícil a veces pero me sé algunos atajos…

Yo les miro y aunque impaciente, soy educada y espero a que acaben su interesantísima conversación a la vez que intento que se percaten de mi presencia…

- ¿Y has llevado alguna vez algún paquete peligroso?
- Pues están siempre cerrados pero estamos bien entrenados para enfrentarnos a cualquier incidencia.

Hombre claro… los mensajeros son los nuevos G.I. Joe. ¿Quién no sabe eso? Por favor…. Sé acabó mi paciencia.

- Siento interrumpir, soy Alex Williams, me parece que tiene un sobre para mí – le digo al mensajero.
- Sí, disculpe… Tenga. Firme aquí.

Mientras cojo el bolígrafo y la carpeta, veo como el mensajero sonríe a Jessica mientras ésta juega con el chicle. Firmo el impreso y le devuelvo la carpeta al mismo tiempo que el mensajero arranca una copia del comprobante para mí y me entrega el sobre.

- Bueno, hasta luego… me marcho señoritas.
- A ver si tenemos la suerte de que vuelvas a entregarnos algo…
- A ver… - dice haciendo un saludo tocándose la visera de la gorra.

Yo en cambio no le he dicho nada. Estoy demasiado nerviosa mirando y dando vueltas al sobre que me acaban de entregar. Sin duda es el sobre que contiene las noticias que llevo esperando desde hace semanas ya que lleva el sello de Servicios Sociales. 

Después de haberle dado veinte vueltas al sobre, rasgo un poco la parte de arriba para sacar el contenido.

- ¿Es una denuncia? ¿Por qué estás tan nerviosa? 

Pego un brinco del susto y me giro hacia ella furiosa.

- Es privado Jessica por dios.

Decido subir en el ascensor hacia mi mesa y abrir el sobre en un lugar más íntimo, ajeno a miradas curiosas. Una vez en mi planta me dirijo a los lavabos y encerrada en uno de los cubículos me siento en la taza y vuelvo a mirar el sobre. Las manos me tiemblan… es la noticia que llevo esperando con más ganas y ahora que la tengo delante no soy capaz de leerla. Y menos sola… Saco el móvil del bolsillo del pantalón y abro la agenda de contactos sopesando mi elección. La mayoría de las mujeres en estos casos elegirían a sus madres pero eso es algo que yo he descartado de inmediato. Yo me debato entre tres personas y paso el cursor buscándolas. Finalmente me decido y aprieto al botón. El tono de llamada suena tres veces hasta que por fin oigo su voz.

- Hola…
- Hola… Siento llamarte a estas horas… sé que estás en clase… dudaba que lo cogieras…
- Lo llevaba encima por si me llamabas… y tengo a los chicos ocupados pintando con las manos. Gracias por hacerlo... Quiero decir, gracias por llamarme. He sido un gilipollas y estarías en tu derecho de pasar de mí... Así que me alegra que hayas decidido darme otra oportunidad... Vamos, si es por eso por lo que me llamas...

Los ojos se me empiezan a humedecer y empiezo a respirar entre sollozos.

- Alex… ¿estás bien? ¿Qué te pasa? – me pregunta nervioso al escucharme.
- Patrick… tengo la carta en mis manos…
- ¿Carta?

Las lágrimas caen como cascadas de mis ojos y un nudo en mi garganta me impide contestarle.

- ¿La carta de Servicios Sociales? – pregunta él finalmente.
- Sí… - consigo decir entre sollozos – pero no puedo abrirla…
- No te entiendo… ¿qué quieres decir?
- ¡Que no me atrevo a abrirla! – le grito al fin. 

Las manos me tiemblan sin parar y el corazón me late a tanta velocidad como si se me fuera a salir del pecho. Entonces Patrick empieza a susurrarme, como si me hablara al oído.

- Alex, escúchame. Ábrelo. Sea cual sea la respuesta, tendrás que leer esa carta para averiguarla.
- No puedo Patrick… tengo miedo de leer una negativa… 

¿Me habrá entendido entre tanto llanto y los mocos que voy sorbiendo conforme hablo?

- Alex… ábrelo, yo estoy aquí… me quedo a tu lado…
- Vale… espera que saco el papel… - digo secándome las lágrimas con la manga después de pensármelo durante un rato, mientras él esperaba paciente - Ya… 
- Venga, tranquila, léela.
- Espera, Estado de Nueva York… número de expediente…  solicitud de adopción… ley estatal bla bla bla… ¡No lo encuentro! - digo mirando desesperada el papel de arriba a abajo.
- Tranquila… fíjate bien en todo…
- Aquí… Srta. Alexandra Williams le comunicamos que su solicitud de adopción de William Matthews ha sido… ¡aprobada! ¡Patrick pone que me la han aprobado! 

Y como me quedaban algunas lágrimas en la recámara,  empiezan a brotar de nuevo. Cojo la carta y el móvil y los aprieto contra mi pecho, abrazándolos. Me quedo así durante largo tiempo, con imágenes de estos meses pasando por mi mente, hasta que me acuerdo que he dejado a Patrick colgado al teléfono.

- ¿Sigues ahí?
- Claro… te dije que me quedaba a tu lado. Me alegro mucho Alex, de verdad. Te lo mereces… os lo merecéis los dos…
- Soy tan feliz Patrick…

Nos quedamos callados durante varios segundos, escuchando nuestras respiraciones. Me encantaría tenerle a mi lado para poder abrazarle, pero en lugar de eso, me tengo que conformar con agarrar el teléfono con fuerza.

- Pues eso es lo que importa. Se va a poner tan contento… Ahora le estoy viendo por la ventana de la puerta de clase y me está saludando. ¡Jajaja! Menudo está hecho…
- Gracias por todo Patrick. No quería enfrentarme sola a la noticia…
- Gracias por quererla compartir conmigo… significa mucho para mí. Oye… no le voy a decir nada a Will, ¿vale? Le darás tú la noticia. 
- De acuerdo.
- ¿Te pone cuando tenéis que ir al juzgado a firmar los documentos?
- A ver… sí, el viernes, pasado mañana. ¿Tiene que venir él también?
- Sí. Coméntaselo a Al… a mi madre. Ella te dirá qué hacer.
- Vale… ¿nos veremos hoy? - me atrevo a preguntarle al final.
- Sólo si tú quieres… - contesta casi en un susurro.
- Sí quiero.
- De acuerdo… - noto como sonríe al otro lado de la línea - Tengo una reunión al salir. Te llamo luego... Me vuelvo con la tropa… por cierto, si te dice algo Will, les he contado que me caí de la bicicleta por la montaña…
- Vale, lo tendré en cuenta… ¿Estás mejor por cierto?
- Ahora sí…

El resto del día lo paso mirando el reloj deseando que llegue la hora de salir a por Will y darle la noticia, así que llegado el momento, me levanto como si tuviera un muelle en la silla, meto el portátil y el resto de mis cosas de mala manera en la mochila y salgo pitando. Llego corriendo al colegio donde le veo esperando en la puerta. Al verme salta los escalones y me abraza.

- ¡Hola! ¿Vamos al parque?
- No… Te tengo que explicar una cosa…

Me mira extrañado mientras le cojo de la mano y le llevo a un lugar más tranquilo. Entonces me agacho a su altura y le digo.

- ¿Aún quieres venirte a vivir conmigo? 

Me mira y al ver mi sonrisa su cara se ilumina.

- ¡¿En serio?! ¿Ya puedo? 
- Pasado mañana tenemos que ir a firmar a un sitio y ya te podrás quedar conmigo. Vamos a casa de Alice, que ella nos lo explicará todo. ¿Quieres?

Le llevo todo el camino en brazos mientras él no para de darme besos y de hacerme promesas.

- Y prometo que voy a hacerme la cama yo solito todos los días y si me enseñas, te preparo el café.
- ¡Jajaja! Oye, que no hace falta… que no te adopto como esclavo…

Al llegar a casa de Alice, ella está en la cocina como es habitual. Will sale disparado hacia ella anunciando la noticia gritando a pleno pulmón. Alice lo sube al mármol de la cocina y le besa mientras le da un fuerte abrazo.

- Me alegro tanto por ti, cariño. ¿Lo ves como todo iba a salir bien?
- ¿Dónde está Charlie?
- En el jardín – le dice bajándole – Corre, ve a contárselo.

En el momento en que nos quedamos solas, Alice me mira con una mezcla de sentimientos reflejados en los ojos. 

- Me alegro mucho Alex…

Automáticamente salgo corriendo a sus brazos y lloro desconsolada en su hombro. Ella no dice nada, sólo me abraza, pero es suficiente para consolarme, como por arte de magia.

- ¿Se lo has contado a Patrick? – me pregunta cuando me separo de ella y me seco las lágrimas.
- Sí - contesto asintiendo a la vez con la cabeza - Es con quien he querido compartir la noticia. No me atrevía a abrir la carta y le he llamado para que estuviera conmigo mientras lo hacía. Le dije que sabía que era… tu hijo.

Ella esboza una gran sonrisa y me coge de la mano.

- Lo sé, anoche me llamó. 
- Lo siento pero necesitaba que él supiera que lo sabía y que estaba dolida porque no hubiera confiado en mí, de nuevo.
- Lo entiendo. Yo hubiera hecho lo mismo.

Saca dos tazas y vierte café en ellas llevándolas a la mesa.

- Me vino a ver por la noche… 
- Veo que me hizo caso… - dice Alice pensativa y al ver mi cara añadió – Le dije que una vez de pequeño había aprendido a dejar de esperar, a dejar de estar enfadado con el mundo y a aprovechar las oportunidades que le brindaba la vida y que ahora debería hacer exactamente lo mismo.

Le expliqué entonces que no le abrí la puerta y el numerito que montó en la calle, denuncia y fans incluidas, y se moría de la risa. 

- Hasta esta mañana una de sus fans me ha regalado un saquito para favorecer el amor. Me veo presionada a perdonarle…
- Pues yo como su madre te digo que le perdones, pero que le hagas sufrir un poquito más.

La miro divertida. Esta mujer es increíble. Me cuenta que el viernes lo único que tendremos que hacer es personarnos a la hora indicada en el juzgado, que nos leerán la sentencia de adopción y tendré que firmarla. Es un mero trámite pero se tiene que hacer delante de un juez y estaré acompañada por el asistente social que ha llevado el caso.

En ese momento me suena el teléfono. Es Patrick. Miro a Alice y le sonrío y sé que sabe quien me llama.

- Hola – digo mientras ella se aleja dejándonos algo de intimidad.
- Hola. Ya he salido… 
- Bien… Estoy en casa de… tus padres – digo mirando a Alice.
- Vale... ¿Quieres que vaya?
- Me encantaría.

lunes, 24 de febrero de 2014

ALEX Y PATRICK - Cap. 25


El timbre de la puerta me despierta de golpe. Me incorporo algo confusa aún, mirando alrededor. Me he quedado dormida en el sofá y tengo el teléfono en la mano. Miro por la ventana y veo que ha anochecido y que llueve a cántaros.

El timbre vuelve a sonar y esta vez lo hace durante mucho rato, haciéndose tan molesto que tengo que taparme los oídos. Algunos segundos después de cesar ese ruido, me llega un mensaje.

"Alex, ábreme por favor. Tengo que hablar contigo"

Aunque tengo ganas de abrirle la puerta y lanzarme a sus brazos por las bonitas palabras que me ha dejado escritas, quiero darle su merecido.

"¡Alex! Sé que estás ahí. Quiero explicártelo, necesito hacerlo..."

Tras unos segundos en los que ni suena el timbre ni el móvil, empiezo a pensar que se ha dado por vencido y se ha ido a casa.

- ¡Alex!

No puede ser. Oigo su voz llamándome a gritos desde la calle. Como me monte una escena se va a arrepentir el resto de su vida.

- ¡Alex! Ya que no quieres abrirme y que hablemos tranquilamente, tendrás que escucharme porque no pienso descansar hasta que oigas lo que tengo que decirte.

Se calla durante unos segundos, supongo que esperando a que me asome por la ventana. Camino lentamente desde la puerta sin creerme lo que está a punto de hacer. Nunca me podría imaginar que él, tan tímido y correcto siempre, fuera capaz de hacer algo así.

- ¡Lo siento! ¡Siento no habértelo explicado antes! ¡Sé que has estado hablando con mi madre y que ella te lo ha contado!

Aparto la cortina y me asomo a la ventana y le veo subido encima del capó de su coche, totalmente empapado por la lluvia, apartándose el pelo con una mano, mientras con la otra se agarra la zona de las costillas. Mira hacia arriba, hacia mi ventana, y cada pocos segundos se ve obligado a limpiarse las cientos de gotas agua que se posaban en los cristales de sus gafas. La verdad es que la escena es bastante cómica.

- ¡Hola! - se le ilumina la cara cuando me ve asomada - ¡Alex, no te vayas! ¡Escúchame por favor!
- ¡A ver gilipollas! - oigo la voz de mi vecino de arriba gritando - ¿Quién tiene que escucharte? ¿Ella o todo el vecindario?

Patrick mira hacia arriba mientras se quita las gafas y se seca la cara con la manga.

- ¡Lo siento señor! ¡Pero necesito hablar con ella y no quiere abrirme! ¡No la culpo, por cierto, porque me he portado como un gilipollas!
- ¡¿Te piensas que me importa tu vida?! - grita el hombre - ¡O te callas o llamo a la policía! ¡Por favor que no son horas!
- ¡Cállese usted y deje que el chico diga lo que tenga que decir!

¿Y esa voz de dónde viene? Patrick se gira hacia la voz de la mujer, procedente del bloque de delante.

- ¡Gracias señora! - dice Patrick girándose de nuevo hacia mi ventana.
- De nada cariño. Creo que lo que pretendes hacer es muy bonito y romántico - vuelve a decir mi vecina de enfrente haciendo que Patrick, siempre tan educado, vuelva a girarse hacia ella dándole las gracias.

La escena empieza a ser muy cómica, y más aún cuando las luces de otros apartamentos empiezan a encenderse y sus inquilinos se suman a la fiesta. Abro la ventana y miro a Patrick, que me sonríe alzando los brazos.

- Alex, la verdad es que vine en cuanto hablé con mi madre... No tengo ningún discurso preparado y ahora que me prestas atención y estoy delante tuyo, me doy cuenta que quiero decirte muchas cosas pero que no sé cómo hacerlo.

Está nervioso, sin saber qué hacer con las manos, frotándoselas contra el pantalón, y luego peinándose el pelo hacía atrás.

- Verás... Lo que quiero que sepas es que... te quiero y estoy locamente enamorado de ti. Lo de la otra noche... no era yo... Me volví loco al verte bailar con ese tío...

Se agacha un poco, agarrándose el estómago con ambas manos mientras respira con fuerza por la boca. Este discursito a pleno pulmón le está haciendo mella, pero la verdad es que quiero que siga hablando.

- No tenía derecho a ponerme celoso, lo sé. Y cuando te vi fuera de la discoteca, no pensé, quise ponerte celosa y sé que hice mal besando a Claire. Pero a pesar de todo eso, te quedaste conmigo, cuidando de mí...
- ¿Besaste a otra y aún así te perdonó?

Ambos miramos hacia donde proviene la voz y vemos a una chica asomada a la ventana de uno de los bajos de un bloque de enfrente, cerca de la señora que habló antes. Esta chica, hasta lleva un café en las manos.

- Esto... sí... - le contesta Patrick rascándose la cabeza.
- Pues date con un canto en los dientes porque te esté escuchando ahora. A mí me haces eso y no te vuelvo a mirar a la cara - dice la chica.
- Pues yo creo que todo el mundo merece una segunda oportunidad - dice una voz procedente de algún apartamento por debajo del mío.
- ¡Gracias! - dice Patrick - Espero que ella piense igual que usted.
- ¡Y el gesto que estás haciendo me parece de lo más romántico! - dice otra voz que no puedo precisar de donde procede.

Patrick mira a todos lados con una sonrisa en la cara, hasta que se queda parado delante de mi ventana, mirándome fijamente.

- Y encima, cuando pensaba que no la podía cagar más, no confié en ella lo suficiente como para explicarle ciertas cosas de mi pasado... Y ahora se ha enterado, y no por mí... - dice agachando la cabeza avergonzado - ¡Estaba asustado Alex! Debí habértelo contado, pero no quise que eso pudiera entorpecer tus planes con Will...
- ¡Acabo de llamar a la policía! - vuelve a la carga mi vecino gruñón - ¡Ya lo has conseguido!
- ¡Pues muchas gracias caballero! - le dice Patrick moviendo los brazos y resoplando.
- Alex... yo... nunca confié lo suficiente en nadie como para contarle mi historia... hasta que te conocí. Quise decirte que entendía perfectamente a Will porque yo estuve en la misma situación que él. Quise contarte el dolor que sentí cuando perdí a mi madre y el sentimiento de abandono cuando mi hermano se fue. Quise explicarte lo solo que me sentía cada noche, en una casa que no era la mía, acompañado de gente que no era mi familia.

Conforme habla, su respiración se entrecorta más y se pone una mano en el pecho mientras una mueca de dolor se dibuja en su cara. Las pausas entre las frases son cada vez más frecuentes y largas y se gira cada cierto tiempo controlando la llegada de la policía.

- Pero luego vino lo de la adopción de Will y pensé que sería mejor explicártelo cuando todo se solucionara... No es que no confiara en ti Alex... Es que tenía tanto miedo de que algo de lo que yo hiciera pudiera hacerte daño...

En ese momento empiezan a escucharse una sirenas a lo lejos. Patrick mira nervioso al final de la calle y enseguida echa una mirada asesina al simpático de mi vecino.

- ¡Te lo dije! ¿O te callabas o llamaba a la policía! - grita mientras Patrick agacha los brazos y la cabeza.
- ¡Aguafiestas! - le grita una vecina que hasta ahora disfrutaba del espectáculo en silencio.
- ¡Corre! ¡Sigue hablando hasta que lleguen! ¡No te desanimes! - dice otra - ¡Sigue intentándolo!

Parece que esas palabras dan fuerza a Patrick, que levanta la vista hacia mí. Me mira fijamente y se deja caer de rodillas encima del capó del coche con los brazos extendidos en el momento en que un coche de policía se detiene a pocos metros de él.

- ¡Necesito que me perdones! ¡Necesito que me des otra oportunidad porque desde que te conocí, te metiste en mi cabeza y todo lo que hago, digo o pienso es por ti!
- Caballero - dice un agente acercándose a Patrick mientras mira alrededor.
- ¡No se lo lleve agente! - dice la vecina de enfrente - ¡No ha hecho nada malo! ¡Solo le está declarando su amor a esa chica de allí.
- De acuerdo señora, pero lo está haciendo a altas horas de la noche y a grito pelado. Nos ha llamado un vecino para denunciarle - dice dirigiéndose esta vez a Patrick - Así que debería acompañarnos a comisaría.

Patrick baja los brazos con resignación y apoya el cuerpo sentándose en los talones. Se pone las gafas de nuevo mientras el policía se acerca él y le ayuda a bajar del coche viendo que sus movimientos no son muy ágiles.

- ¿Has bebido algo chico? - le pregunta el otro agente.
- No. Es... no es nada.

Veo que los policías conversan con él un rato y él asiente varias veces, hasta que uno de los agentes le coge por el codo y le llevan hasta el coche patrulla.

- ¡Maldito viejo cascarrabias! - grita la señora de enfrente que se acaba de proclamar presidenta del club de fans de Patrick.
- Cállese o les digo que se la lleven a usted también - le contesta el viejo.
- ¡Atrévase! - contesta mientras se oye la ventana del hombre cerrarse con fuerza.

Están a punto de meterle en el coche cuando se gira a mirarme una vez más. Realmente tiene cara de estar muy arrepentido por lo que ha hecho.

- Señoras, se acabó el espectáculo. Vuelvan a sus casas - dice uno de los agentes cuando ya han metido a Patrick en el coche.
- Cariño, ese chico bien merece una segunda oportunidad por lo que acaba de hacer, ¿no crees? - me pregunta una voz por encima de mi apartamento.
- Sí, la verdad es que sí - digo sonriendo aunque con lágrimas asomando a mis ojos de la emoción.
- Ahora no nos puedes dejar así... Nos contarás cómo acaba, ¿verdad?
- Vale... - digo riendo - Hasta luego.

Todos vuelven a sus vidas, mientras yo me quedo a observar como las luces se alejan calle abajo. No creo que le hagan nada, ¿no? Claro que quiero perdonarle, e iba a hacerlo... solo quería hacerle sufrir un poco más. Me siento en el sofá y decidida, cojo el móvil para escribirle un mensaje.

"Mis vecinas han formado tu club de fans e insisten en que te de una segunda oportunidad"

sábado, 22 de febrero de 2014

ALEX Y PATRICK - Cap. 24


¿Cómo? ¿Su hijo? No entiendo nada. Confundida, miro la foto de ese niño. Es indudable que es Patrick. Esos ojos son inconfundibles y esa sonrisa también, una sonrisa que hace días que no veo. Meneo la cabeza en señal de negación… no entiendo nada… ¿por qué no me lo dijo? ¿Por qué nadie me lo ha dicho?

Las piernas empiezan a flaquearme. Necesito sentarme. Agarrando la foto con fuerza y sin quitarle los ojos de encima, retrocedo hasta sentarme en el sofá. Alice se pone a mi lado y me observa mientras se seca las lágrimas con un pañuelo. No dice nada, espera a que me tome mi tiempo para ordenar las decenas de preguntas que tengo en la cabeza.

Pasados varios minutos, trago saliva e intento que las palabras salgan de mi garganta pero me resulta imposible. Carraspeo un poco y al fin consigo decir.

- ¿Por qué no me dijo nada? ¿Por qué nadie me dijo nada?
- Perdóname por favor – dice agachando la cabeza - Se suponía que él te lo iba a contar, pero al escuchar que tu hermano le había dado una paliza… compréndelo, es mi hijo... Y después cuando me has dicho que le curaste las heridas, le llevaste al hospital y le acompañaste a casa, después de todo lo sucedido… De verdad es que no puedo creer la suerte que tuvo al encontrarte y sólo pensar que te está perdiendo…
- Era lo menos que podía hacer… pero no me está contestando a la pregunta…
- Alex… yo no debería decirte nada. Sólo te pido una cosa, confía en Patrick, hay una buena razón…
- No me sirve Alice, necesito respuestas.

Alice suelta un suspiro.

- Vale... – se toma algunos minutos sopesando la respuesta -  A ver, cuando pasó lo de la madre de Will, esa misma noche Patrick me llamó para explicarme lo sucedido y me dijo que ya que el chico tenía que ir a una casa de acogida, quería que viniera aquí. Habló con sus contactos en asuntos sociales y arregló todo el papeleo. Él iba a contártelo todo, pero entonces tú le dijiste que querías adoptar a Will y vosotros estabais... empezando a salir. Si los de asuntos sociales se enterasen de que Patrick intercedió en que Will viniera aquí y que además tú y él estabais saliendo, tu solicitud de adopción se vería afectada, quizá incluso llegándotela a denegar.

Me quedo callada procesando toda la información. Alice prosigue con la historia.

- Así que nos pidió que no dijéramos que éramos sus padres, ni a ti ni a Will. Mis dos hijas y los chicos mayores también saben la historia y nos han guardado el secreto. Todo ha sido por vuestro bien. Patrick iba a contártelo todo cuando la adopción de Will fuera un hecho.

Mi cabeza va a mil por hora. Todos sabían el secreto menos Will y yo. Sí, por nuestro bien, perfecto, pero Patrick no confió en mí… de nuevo. Entiendo que no le dijera nada a Will, es un niño y ya conocemos todas sus escasas habilidades para mantenerse callado, pero me duele que no me lo dijera a mí.  

Además, ahora me fijo en detalles que hace unas semanas me pasaron desapercibidos.

- Ahora me doy cuenta por ejemplo que Patrick nunca entró conmigo a la casa… siempre entraba yo cuando veníamos los dos…
- Sí, los chicos más pequeños como Aaron, conocen a Patrick pero no saben que salía contigo, así que para evitar problemas, decidimos no decirles nada.
- ¿Y luego se enfadó cuando yo le oculté la existencia de las fotos? ¿Cómo me tendría que poner yo ahora?

Alice me mira sin saber bien qué decirme.

- Lo siento Alice. Sé que hicisteis lo que Patrick os pidió… no estoy enfadada con vosotros.
- Pero no quiero que te enfades con mi hijo… él lo hizo por ti… para que pudieras adoptar a Will.
- Sí, el fondo o motivo de toda la mentira es bueno, pero sigo sin ver correcta la diferencia de raseros con los que Patrick ve las cosas… ¿Él se puede enfadar conmigo por unas tristes fotos y yo tengo que tragar que no confiara en mí para revelarme ese secreto? ¿Se piensa que si lo hubiera sabido me hubiera ido de la lengua?

Miro la foto que tengo en las manos y sin pensarlo acaricio el cristal como si estuviera acariciando a ese niño.

- Patrick llegó a casa cuando tenía cinco años junto con su hermano mayor Owen que tenía 12 años. Su madre era drogadicta y murió de una sobredosis. Cuando les encontraron, hacía un mes que la madre había muerto y aún yacía en la cama tapada por una manta. Owen cuidó de Patrick durante muchos años, cuando la madre estaba colocada y también ese mes que estuvieron completamente solos, por eso cuando llegaron, Patrick siempre iba a su lado y nunca hablaba con nadie más. Estaba muy asustado porque no entendía por qué estaban en esta casa y no con su madre. Cuando Owen se escapó una noche, Patrick se encerró aún más en sí mismo. Seguía sin decirnos nada, incluso una vez a la semana venía un psicólogo que nunca obtuvo respuestas por su parte. En dos ocasiones le adoptaron pero a las semanas lo devolvieron.

Miro a Alice horrorizada por lo que estaba escuchando. ¿Devolver a un crío como si fuera mercancía?

- Sí, lo devolvieron - dice Alice como si me leyera la mente - Patrick convertía la vida de las familias que le adoptaban en una pesadilla. Les insultaba, rompía cosas, se escapaba, se peleaba constantemente en el colegio... Justo lo contrario que hacía aquí en casa, donde ni siquiera se le oía. Nadie nunca tuvo la paciencia de quererle aún con todo lo que hacía, excepto supongo que nosotros, que le dimos todo el tiempo que necesitó. Cada tarde, antes y después de cenar, Patrick se sentaba en el porche delantero con su pequeña maleta llena de ropa y esperaba a que Owen le viniera a buscar. Nosotros, aunque le vigilábamos, nunca se lo impedimos.

Qué historia más triste… Pobre Patrick. Ahora entiendo cómo se puso tan rápido en la piel de Will. Debió pasar por una pesadilla. Espero a que Alice coja otro pañuelo y siga con la historia.

- Así pasaron varios años, hasta que una noche, cuando tenía cerca de once, no salió a esperar a Owen. Esa noche ni siquiera cenó. Se metió en la cama y lloró durante horas. Antes de irme a dormir entré en su habitación para ver cómo estaba y cuando me senté en la cama, se incorporó de golpe y me abrazó. Se quedó así varios minutos y cuando ya no le quedaron más lágrimas, se volvió a estirar en la cama y me regaló las primeras palabras que le oí en todos esos años. Me dijo “¿Te quedas conmigo?”. Eso me rompió el corazón y esa noche dormí a su lado.

Alice me alcanza un pañuelo viendo que las lágrimas han empezado a asomar de nuevo por mis ojos.

- Pocos meses después Charlie y yo decidimos adoptarle. Era un niño maravilloso. Nos ayudaba con el resto de críos que acogíamos y enseguida se decantó por estudiar magisterio, para ayudar de algún modo a los niños que le necesitaran. Se pagó sus estudios universitarios porque nosotros no podíamos permitírnoslo e intentaba sacar matrículas para que le dieran becas. Ahora se ha convertido en un hombre maravilloso. Tiene sus defectos, como todos, pero estamos muy orgullosos de él.     

Tengo la cabeza hecha un lío. Muchas de mis preguntas se han respondido ya pero aún así siento que necesito más explicaciones… y las necesito de él.

- ¿Por qué no confió en mí?
- Estaba asustado. No quería que perdieras a Will, pero él tampoco quería perderte a ti. Sé que te quiere con locura Alex. Conozco a mi hijo y se lo noto. Tendrías que haberle visto hablando de ti cuando venía a vernos, se le caía la baba. Hasta Charlie se dio cuenta y mira que los hombres para esto son negados.
- Con todo lo que ha pasado, siento que necesito tiempo. Tiempo para pensar…           

Me levanto sin decir nada, cojo mi bolso y me dirijo a la puerta de la calle. Agarro el pomo y miro a Alice. Sigo teniendo la cabeza hecha un lío y necesito un poco de aire fresco.

- Tómate el tiempo que necesites pero por favor piensa que lo hizo con la mejor de sus intenciones. No pierdas la fe en él…

Giro el pomo y abro la puerta. Como una autómata recorro el trayecto hacia el metro. Me siento en uno de los asientos y apoyo la cabeza en la ventana del vagón. En ese momento soy consciente de que llevo algo en las manos y cuando agacho la vista veo que es la foto de Patrick. Me la he llevado conmigo sin darme cuenta y la sigo agarrando con mucha fuerza ya que tengo los nudillos blancos.

Tuvo que pasar por una pesadilla. El sentimiento de abandono que sintió entonces, primero por su madre y luego por su hermano, debió de ser horrible. Y ahora le abandono yo…

Por eso estaba tan preocupado porque yo hubiera podido utilizar a Will para acercarme a él. Defiende a esos chicos a capa y espada y supongo que en el caso de Will, el sentimiento de protección es aún más grande. Por eso también le afectó tantísimo que Will le viera como el padre que nunca tuvo. Él vivió la misma sensación.

Y entiendo que quisiera que las mismas personas que salvaron su vida hacía unos años, ayudaran a Will en esos momentos tan difíciles. Entiendo que no quisiera que se supiera que los tutores temporales de Will eran sus padres y que además él estuviera saliendo conmigo, la persona que había solicitado la adopción del chico. Viéndolo así, sí parece lógico que si el tribunal de menores lo hubiera sabido, quizá hubieran detectado un posible trato de favor.

Mi cabeza entiende todas las razones por las que me pudo ocultar ese secreto, pero siempre aparece la misma pregunta al final de cada razonamiento… ¿Y por qué no me lo contó?   

Necesito pedirle explicaciones pero a la vez no quiero poner en un compromiso a Alice. Cuando llega mi parada me apeo del metro y me dirijo a casa aún sumida en mis pensamientos.    

Paso las horas sentada en el sofá, con el portátil en las piernas y mi artículo abierto aunque sin haber escrito ni una sola línea. Mi cabeza se debate entre decirle que lo sé todo y pedirle explicaciones o seguir viviendo la mentira y así cubrir a Alice y sé perfectamente a quien pedirle consejo.

- ¡Hola hermanita! ¿Cómo estás?
- Bien, aunque creo que no mejor que tú… suenas bastante contento…
- ¡Jajaja! Sí… bueno… he pasado un día genial con Claire… la acabo de dejar en casa y antes de irme me ha dado las gracias por todo y me ha dado un beso en los labios. Corto, pero suficiente para mí.
- Mmmmm, parece que ha caído bajo tu hechizo…
- Yo no he forzado nada, te lo juro. No quiero que esté conmigo por despecho ni mucho menos… Sólo intento hacerla feliz… siento que mi único propósito en esta vida es verla sonreír y haré lo que haga falta para conseguirlo.  
- Madre mía Joey. Diciendo esas cosas no creo que tardes mucho en conquistarla del todo. Yo te llamaba para pedirte consejo…
- Desembucha.

Y tardo unos diez minutos en hacerle un resumen de todo lo que he averiguado.

- Y entonces mi pregunta es, ¿qué hago? ¿Le digo que lo sé todo y que necesito explicaciones o sigo con la mentira y espero a que me lo cuente él?
- Yo opto por la tercera opción. Vas a verle, le dices que lo sabes todo, que ya es tarde para explicaciones y le pegas una patada en los huevos.
- Te hablo en serio Joey…        
- Y yo.
- Lo que no quiero es comprometer a Alice. Se supone que ella no me tenía que decir nada…
- Alice entenderá que se lo hayas dicho. Y si lo prefieres, pues no le pegues la patada en los huevos, pero hazle saber que lo sabes todo. A ver cómo reacciona él ahora.

Cuando cuelgo me siento mucho más segura de mi decisión. Sabía lo que Joey opinaría y por eso le llamé. En el fondo sólo necesita oír en boca de otra persona lo que tenía intención de hacer, así que cojo el móvil y le envío un escueto mensaje.

“¿Cuándo pensabas contármelo?”